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domingo, 5 de mayo de 2013

ESTÓMAGO. SEGUNDO CEREBRO.

En el estómago existen en torno a 100 millones de neuronas, muchas más de las que contiene la columna vertebral, y ese es uno de los motivos por los que recibe el apodo de "segundo cerebro". Esta red de células permite mantener un estrecho contacto entre el sistema digestivo y el cerebro, a través de los nervios vagos, informando de todo lo que transita por el primero. Además, la llegada de comida al estómago hace que se liberen al torrente sanguíneo numerosas hormonas. Entre ellas se encuentran el péptido GLP1, que disminuye los niveles de glucosa en sangre y favorece la contracción del estómago; la coleocistoquinina (CCK), que reprime el apetito cuando detecta grasas o proteínas en los alimentos; la bombesina, que reduce la ingesta; o la grelina, también conocida como “hormona del hambre”.

Esta última ha ganado popularidad en los últimos años tras descubrir que su liberación no solo aumenta el apetito, sino que además reduce el gasto energético, y favorece tanto la formación de nuevos acúmulos de grasa como la ganancia de peso. En esencia, se sabe que los niveles de grelina aumentan bruscamente antes de cada comida y caen inmediatamente después. Para colmo, en algunos individuos obesos se ha detectado que la concentración de la hormona no varía cuando comen ni cuando dejan de hacerlo, lo que explicaría por qué en ningún momento se sienten saciados. Otro de los cometidos de la grelina, según revelan recientes investigaciones, es activar el hipocampo, una región cerebral relacionada con el aprendizaje y la memoria.

Otra conexión entre el cerebro y el estómago que conviene tener en cuenta es que, según publicaba hace poco la revista Sciencemostramos un comportamiento más agresivo cuando tenemos el estómago vacío. Una de las razones es que la dieta es la principal fuente de triptófano, un aminoácido necesario para que el cuerpo produzca uno de los neurotransmisores que controlan las emociones a nivel cerebral, la serotonina. Y, por lo tanto, el triptófano y la serotonina disminuyen cuando no se come, incrementando la agresividad.

domingo, 20 de enero de 2013

LA AFICION AL DEPORTE DEPENDE DEL TAMAÑO DEL CEREBRO

Que seas o no una persona atlética y deportista podría estar ligado al tamaño de ciertas zonas de tu cerebro, según un estudio de la Universidad de California coordinado por Tehodore Garland. Usando imágenes de resonancia magnética funcional paraanalizar el cerebro de roedores criados durante generaciones para seleccionar a aquellos “amantes del ejercicio”, los investigadores observaron que su cerebro medio tenía un tamaño un 13% mayor de lo normal. En esta zona del cerebro residen los centros de control de los sistemas motor, auditivo y visual. Además, es esencial para el aprendizaje con recompensa y la motivación.

“Estamos ante la primera evidencia de que seleccionar un comportamiento en mamíferos -en este caso la predisposición de los rodeadores a dedicarse a correr voluntariamente en una rueda durante varias horas al día-, deriva en un cambio de tamaño en una estructura cerebral”, puntualiza Garland, que ha dado a conocer sus conclusiones en la revista The Journal of Experimental Biology.

En cuanto a las implicaciones para el ser humano, los autores argumentan que es posible que las diferencias individuales en la predisposición hacia el ejercicio puedan estar relacionadas con el tamaño del cerebro medio, e incluso que el volumen de esta zona pueda heredarse de padres a hijos, aunque habría que llevar a cabo estudios más específicos para poder extraer conclusiones.

domingo, 23 de diciembre de 2012

LOS SUEÑOS. CUATRO DESCUBRIMIENTOS.

¿Lo que soñamos nos cambia? ¿Quién tiene más pesadillas, los hombres o las mujeres? Te contamos cuatro descubrimientos científicos interesantes y recientes sobre los sueños.

Las mujeres tienen más pesadillas que los hombres. Y no solo eso. Según comprobó Jennie Parker, de la University of the West of England (Reino Unido), los sueños desagradables de las féminas contienen más desgracias y emociones negativas, además de involucrar en más ocasiones a miembros de la familia y desarrollarse normalmente en espacios cerrados en lugar de al aire libre.

Lo que hueles mientras duermes afecta al contenido de tus sueños. A esa conclusión llegaron científicos alemanes en un estudio presentado ante la Academia Americana de Otorrinolaringología. Comparando los efectos de oler a rosas y respirar el hedor de huevos podridos mientras dormimos, los investigadores comprobaron que el tono emocional de los sueños es positivo en el primero de los casos y negativo cuando el olor resulta desagradable.

El cerebro dormido se parece al cerebro despierto. Mientras sueñas, tu cerebro se activa igual que cuando te suceden cosas en la vigilia. Así lo demostraron hace poco científicos del Instituto de Psiquiatría Max Planck en Munich (Alemania) tras medir la actividad de una serie de sujetos con electroencefalografía mientras soñaban de manera guiada (sueños lúcidos). Las neuroimágenes revelaron que soñar que hacemos un movimiento activa las mismas neuronas que ejecutar ese mismo movimiento despiertos.

Soñar borra el dolor. Cuando soñamos, concretamente en la fase REM del sueño, las sustancias químicas generadoras de estrés dejan de producirse y el cerebro procesa las experiencias emocionales del día a la vez que suaviza los recuerdos negativos o dolorosos, tal y como concluía recientemente un estudio neurocientífico de la Universidad de California en Berkeley.

viernes, 19 de octubre de 2012

DINERO PARA EL CEREBRO

El estudio da respaldo científico al antiguo supuesto de que tener una buena reputación supone para las personas un estímulo psicológico. Hacer un cumplido a alguien parece activar el mismo centro cerebral de gratificación que si se le paga dinero, según declararon recientemente unos científicos japoneses.
Declararon que el estudio da respaldo científico al antiguo supuesto de que tener una buena reputación supone para las personas un estímulo psicológico.
"Hemos descubierto que estas clases aparentemente distintas de gratificación (buena reputación o dinero) están codificadas biológicamente por la misma estructura neural, el estriato" declaró el Dr. Notihiro Sadato, del Instituto Nacional Japonés de Ciencias Fisiológicas de Okazaki, Japón.
"Esto nos proporciona la base biológica de nuestra experiencia diaria de que la reputación personal se percibe como una gratificación", declaró Sadato por e-mail.
El equipo de Sadato estudió a 19 personas sanas utilizando una técnica de imágenes cerebrales conocida como imagen por resonancia magnética funcional (fMRI).
En una serie de experimentos, las personas jugaban a un juego en el que se les comunicaba que una de cada tres cartas tenía un premio en efectivo. Luego los investigadores monitorizaban la actividad cerebral que se desencadenaba cuando los sujetos obtenían un premio en metálico. En una segunda serie se informaba a las personas de que estaban siendo evaluadas por extraños basándose en la información obtenida a partir de un cuestionario de personalidad y de un vídeo que habían hecho.
Los investigadores monitorizaron las reacciones a esas falsas evaluaciones, incluido cuando los sujetos creían que los extraños les felicitaban.
Ambos tipos de recompensa provocaron actividad en el área cerebral relacionada con la gratificación. Sadato declaró que el hallazgo supone un importante paso hacia la explicación de los comportamientos humanos sociales complejos, como por ejemplo el altruismo. El hecho de que la gratificación social esté biológicamente codificada sugiere que "la necesidad de pertenecer... es esencial para los humanos", declaró Sadato, cuyo estudio aparece en la revista Neuron. Un estudio similar, publicado en la misma revista por Caroline Zink y sus colegas del Instituto Nacional de Salud Mental, descubrió que la misma región cerebral estaba activa cuando la persona procesaba información relativa al estatus social.
Declararon que el descubrimiento podría tener implicaciones en la manera en que la situación social afecta al comportamiento y a la salud.
Los investigadores crearon una jerarquía social artificial en la que 72 participantes jugaban a un juego interactivo de ordenador con premios en dinero.
Se asignó a los participantes un estatus social que, se les dijo, estaba basado en su habilidad en el juego. Los investigadores monitorizaron su actividad cerebral mientras se mostraban a los participantes fotografías de jugadores inferiores y superiores que supuestamente jugaban al mismo juego en distintas salas. Zink y sus colegas detectaron un aumento en la actividad del centro de gratificación del cerebro cuando las personas ganaban dinero o cuando veían que su situación social aumentaba. "El procesamiento de información jerárquica parece ser innato... y poner de relieve lo importante que es para nosotros", declaró Zink.