sábado, 11 de mayo de 2013

HACER LA COMPRA CON EL ESTÓMAGO VACÍO = MALO


Según un estudio realizado los psicólogos alimentarios Aner Tal y Brian Wansink, de la Universidad de Cornell, cuando vamos al supermercado el contenido de nuestro carro de la compra depende cuántas horas llevamos sin comer. Concretamente, si acudimos con el estómago vacío compramos más cantidad de alimentos ricos en calorías.

En su investigación, dada a conocer en la revistaJAMA Internal Medicine, los científicos trabajaron en el laboratorio con 68 personas de diferentes edades que llevaban 5 horas sin probar bocado, es decir, el equivalente a saltarse una de las cinco comidas del día. A continuación, la mitad comió galletas saladas hasta saciarse. Cuando les invitaron a hacer la compra de la semana en una tienda virtual, todos compraron el mismo número de alimentos bajos en caloría (como frutas y pollo), pero los hambrientos llenaron más el carro de la compra de carnes rojas, snacks y otros productos con alto contenido en calorías.
En un segundo experimento experimento, Tal y Wansink analizaron las compras reales realizadas por casi un centenar de sujetos a diferentes horas del día: de 1 a 4 del mediodía y de 4 a 7 de la tarde. En este último tramo horario, los consumidores solían tener más apetito y tendían a comprar más alimentos calóricos que cuando la compra se realizaba a mediodía, concluyeron los científicos.



EL NIVEL EDUCATIVO DE LOS PADRES Y LA ALIMENTACION DE SUS HIJOS ESTÁN ESTRECHAMENTE RELACIONADAS

La obesidad es un problema cada vez más extendido entre la infancia. Según la Organización Mundial de la Salud, en el año 2010 había ya 42 millones de niños con sobrepeso en todo el mundo. Ahora, un estudio publicado en la revista Public Health Nutrition ha revelado que los padres con bajo nivel educativo dan a sus hijos más alimentos relacionados con la obesidad, como aquellos que contienen grasa y azúcar.

Estos resultados provienen de un estudio internacional denominado “Identificación y prevención de los efectos sobre la salud inducidos por la dieta y el estilo de vida en niños”, con información sobre más de 14.000 niños de diferentes países europeos, entre los que se encuentra España. Tras analizar los datos, los investigadores concluyeron que los padres con un alto nivel educativo ofrecen a sus hijos una dieta más equilibrada y con productos de mayor calidad nutricional. “Las mayores diferencias entre familias de distintos niveles educativos se observaron en el consumo de frutas, verduras y bebidas azucaradas”, ha explicado a SINC Juan Miguel Fernández Alvira, uno de los autores, de la Universidad de Zaragoza.

Estos datos son importantes a la hora de desarrollar programas de promoción de una dieta equilibrada en los niños. “Los programas de prevención de la obesidad infantil a través de la promoción de unaalimentación saludable deberían abordar de manera especial y específica aquellos grupos socio-económicamente desfavorecidos, con el objetivo de minimizar las desigualdades de salud”, ha concluido Fernández Alvira.

domingo, 5 de mayo de 2013

OBSESIÓN POR EL CUERPO

Si tu aspecto te obsesiona de un modo enfermizo podría deberse a un "cruce de cables" en tu cerebro. Científicos de la Universidad de California (EE UU) han identificado que las personas que sufren el trastorno dismórfico corporal (TDC), un problema pisquiátrico poco comprendido hasta ahora y que se caracteriza porque los pacientes se perciben desfigurados y feos pese a que su aspecto es absolutamente normal, tienen unas conexiones anormales en las neuronas de su sesera.

Concretamente, Jamie Feusner y sus colegas han detectado que en estos sujetos existen conexiones anómalas entre regiones del cerebro involucradas en la percepción visual y aquellas que se ocupan de procesar las emociones. Para llegar a esta conclusión han empleado una nueva técnica de resonancia magnética que proporciona imágenes con tensor de difusión (DTI) que muestran los tractos de sustancia blanca -el "cableado"- del sistema nervioso. Los hallazgos, publicados en la revista especializada Neuropsychopharmacology, revelan que cuanto menos eficientes son esas conexiones peores son los síntomas, especialmente de comportamientos compulsivos como mirarse continuamente al espejo. "En estos pacientes está alterado el modo en que se conectan distintas áreas del cerebro para comunicar lo que ven y cómo se sienten", aclara Feusner.

Los individuos que sufren trastorno dismórfico corporal tienden a fijarse en detalles minúsculos de su rostro o de su cuerpo en lugar de percibir el conjunto, y al detectar algín "defecto" sufren tanto estrés que no consiguen llevar una vida normal por exceso de miedo a salir de casa, una situación que a veces culmina en suicidio. Los nuevos hallazgos podrían ayudar a diagnosticar quiénes están predispuesto a padecer este problema y a prevenirlo.


CURIOSIDAD. ¿ME PUEDE LLEVAR EL VIENTO?

Podría darse el caso si la velocidad del viento superara los 150 km/h. Así se deduce de las pruebas realizadas en un simulador de caída libre, consistente en un tubo cilíndrico por el cual se lanza desde abajo un chorro de aire cuya intensidad va aumentando progresivamente.

A partir de los 140 km/h, un hombre de corpulencia media empieza a despegar del suelo, y a los 150 km/h, volaría.

ESTÓMAGO. SEGUNDO CEREBRO.

En el estómago existen en torno a 100 millones de neuronas, muchas más de las que contiene la columna vertebral, y ese es uno de los motivos por los que recibe el apodo de "segundo cerebro". Esta red de células permite mantener un estrecho contacto entre el sistema digestivo y el cerebro, a través de los nervios vagos, informando de todo lo que transita por el primero. Además, la llegada de comida al estómago hace que se liberen al torrente sanguíneo numerosas hormonas. Entre ellas se encuentran el péptido GLP1, que disminuye los niveles de glucosa en sangre y favorece la contracción del estómago; la coleocistoquinina (CCK), que reprime el apetito cuando detecta grasas o proteínas en los alimentos; la bombesina, que reduce la ingesta; o la grelina, también conocida como “hormona del hambre”.

Esta última ha ganado popularidad en los últimos años tras descubrir que su liberación no solo aumenta el apetito, sino que además reduce el gasto energético, y favorece tanto la formación de nuevos acúmulos de grasa como la ganancia de peso. En esencia, se sabe que los niveles de grelina aumentan bruscamente antes de cada comida y caen inmediatamente después. Para colmo, en algunos individuos obesos se ha detectado que la concentración de la hormona no varía cuando comen ni cuando dejan de hacerlo, lo que explicaría por qué en ningún momento se sienten saciados. Otro de los cometidos de la grelina, según revelan recientes investigaciones, es activar el hipocampo, una región cerebral relacionada con el aprendizaje y la memoria.

Otra conexión entre el cerebro y el estómago que conviene tener en cuenta es que, según publicaba hace poco la revista Sciencemostramos un comportamiento más agresivo cuando tenemos el estómago vacío. Una de las razones es que la dieta es la principal fuente de triptófano, un aminoácido necesario para que el cuerpo produzca uno de los neurotransmisores que controlan las emociones a nivel cerebral, la serotonina. Y, por lo tanto, el triptófano y la serotonina disminuyen cuando no se come, incrementando la agresividad.